Octubre 1983
La contemplación de los misterios del Santo Rosario, del modo que nos enseñó nuestro Padre, es una escuela maravillosa de vida cristiana. No la dejéis nunca, hijos míos. Si seguís -en esto como en todo- el ejemplo de nuestro Santo Fundador, vuestra existencia se irá transformando en la de Cristo, casi sin daros cuenta