Septiembre 1992
¡Cuántas veces hemos oído repetir a nuestro Padre: soñad y os quedaréis cortos! Y se cumple esta verdad, hijas e hijos míos, cuando pensamos en labores y planes que son para la gloria de Dios y el bien de las almas, siempre que esos sueños vayan unidos a una oración incesante, a una mortificación generosa, a una acción apostólica sin pausas.