Junio 1988

Limitarse a lamentar alguna situación que ofende a Dios, resulta estéril. En cambio, un acto de desagravio, una jaculatoria, una pequeña mortificación, tiene un valor grandísimo. Si además añadimos un propósito concreto de mejora en nuestra vida personal, ahogamos el mal en abundancia de bien.

June 3, 1988 · cdaber

Marzo 1986

En el Cielo, nuestro Padre ya no puede sufrir; pero se encarga de suscitar, en los corazones de sus hijos, dolor por las llagas de la Iglesia y del mundo, sentimientos de reparación por las ofensas que se infieren constantemente a Dios: para que desagraviemos, trabajemos con más afán apostólico, y nos decidamos a entregarnos de verdad.

March 1, 1986 · cdaber