Noviembre 1990
Nuestro Fundador solía terminar el día rezando, además de otras prácticas de piedad, la oración de aceptación de la muerte, como una manifestación clara de abandono en la amabilísima Voluntad de nuestro Padre Dios. Además, nos enseñó a comenzar y a proseguir cada jornada amando la vida, agradeciendo los dones del Cielo y aceptando las dificultades, para ofrecer todo al Señor, en medio del trabajo ordinario. ¡Qué buen propósito, hijas e hijos míos, para tratar de llevarlo a la práctica en estos días, en los que la Iglesia recuerda especialmente a las benditas ánimas del Purgatorio y a los hijos suyos que ya gozan de Dios en el Cielo! ...