No intentes compaginar tu lucha -mentirosa lucha sería- con algo que te separe de Dios. Afina en el cumplimiento amoroso de cada Norma y de cada Costumbre. Da realce a lo pequeño. Mira que hay que vigilia mucho lo poco, ya que precisamente por medio de muchos pocos adquiere de ordinarios consistencia el amor a Dios. Que tu negligencia no permita la entrada de pequeñas raposas, porque luego cuesta remediar los destrozos que causan en el alma. Examina si has admitido, quizá insensiblemente, un hábito -un capricho- que constituye una rémora en tu caminar.