Febrero 1987
La espontaneidad, el espíritu de iniciativa, son dones preciosísimos que debemos fomentar: ocupándonos siempre de buscar el modo de agradar y amar a Dios, de llegar a más almas y de extender el apostolado.
La espontaneidad, el espíritu de iniciativa, son dones preciosísimos que debemos fomentar: ocupándonos siempre de buscar el modo de agradar y amar a Dios, de llegar a más almas y de extender el apostolado.
¡Qué pena dan los que no creen en el Cielo! ¡Qué tristeza ver tanta amargura en el mundo! La esperanza es acicate para andar más deprisa, y para borrar tantas ofensas a Dios, de presunción y de desesperación, trabajando sin buscar otro premio que el abrazo amoroso -¡para siempre!- de Nuestro Padre Dios en el Cielo.