Diciembre 1987
Nuestro Padre nos puso en guardia frente a tres diablos –es que, pensé que, creí que– capaces de anular, o al menos disminuir, la eficacia de la labor apostólica. Pienso que, de acuerdo con las enseñanzas de nuestro Padre, podemos añadir un cuarto: se me olvidó. Cuando hay sentido de responsabilidad, los encargos que recibimos no se olvidan, ni se retrasan: se cumplen con diligencia, con amor.