Marzo 1994
La Santa Misa es la raíz de la vida sobrenatural y, por eso mismo, de la juventud eterna del alma. Como nuestro amadísimo Padre, también yo procuro subir cada día al altar con hambre de identificarme con Jesucristo: et introibo ad altare Dei, ad Deum lætitiæ et exsulta-tionis meæ (Ps. XLIII [XLII], 4), y renovar el divino Sacrificio del Calvario con pasión de enamorado. Esforzaos por vivir la Misa de este modo, hijas e hijos míos; y, aunque transcurran los años, seréis siempre jóvenes, con la perenne juventud del Amor. ...