Diciembre 1986
Ambiciones grandes: ¡iluminar el mundo entero con la doctrina de Cristo!, ¡dar sabor divino a todas las actividades humanas! Para alcanzarlas, hemos de gastarnos como la luz, disolvernos como la sal, buscando en todo solamente la gloria de Dios. En una palabra, hace de nuestra vida un servicio abnegado a las almas