Mayo 1979
Cuanto más cerca de la Santísima Virgen -Hija, Madre y Esposa de Dios-, más dócilmente secundaréis la acción del Espíritu Santo, más os identificaréis con Cristo y más alcanzaréis la intimidad de Dios Padre
Cuanto más cerca de la Santísima Virgen -Hija, Madre y Esposa de Dios-, más dócilmente secundaréis la acción del Espíritu Santo, más os identificaréis con Cristo y más alcanzaréis la intimidad de Dios Padre
Permaneced muy unidos a Santa María. Por Ella nos vienen todos los bienes: la unión con Dios, el celo por las almas, el espíritu de penitencia, y una oración continuada que se hace, no ya con los labios, sino con la inteligencia, con el corazón, con los afectos y hasta con los sentidos.
Insisto: meted a la Santísima Virgen en todo: en vuestra vida interior, en vuestro trabajo y en vuestro descanso, en vuestra labor apostólica, en vuestras alegrías y en vuestras penas -si alguna vez Dios las permite-, porque de este modo hasta los dolores se convertirán en fuente de gozo
Con la atenta contemplación de María, junto a la Cruz, tocamos el nervio de nuestra vocación cristiana -aprender a dar la vida con Cristo, para que todos se salven- y comprenderemos cuál es la garantía única de nuestra eficacia apostólica. Por aquí ha de discurrir nuestro salto de calidad en este año mariano. Y, como comprenderéis, este salto requiere esfuerzo: un esfuerzo constante.
Monstra te esse Matrem!, Madre, haz también que nos parezcamos más a y más a nuestro Fundador, que así seremos buenos hijos suyos
Es verdad que tú y yo, muchas veces, no hemos sabido caminar al paso de Dios. Pero si nos refugiamos en el Corazón de Santa María, Madre nuestra, Ella nos hará recuperar el tiempo perdido.
Hijos mío, renovad frecuentemente el propósito de ofrecer a la Santísima Virgen, a lo largo de la jornada, un ramillete de jaculatorias, de pequeñas mortificaciones, de ratos de trabajo. Y si alguna vez llegáis a la noche con las manos vacías, presentadle vuestra compunción, unida al propósito de luchar más al día siguiente.