Carta 24.Sep.1978, n.12

Hijas e hijos míos, no dejéis de aprovecharos -primero, vosotros mismos- de la potente intercesión de nuestro Fundador. Invocadle en todas vuestras necesidades espirituales y materiales, con la confianza que se tiene con un padre -¡y qué Padre!-, que no abrigó otro deseo en la tierra que el de dar gloria a Dios y procurar la santidad de todos sus hijos. Confiadle vuestras luchas, vuestros deseos de mejora, vuestras actividades apostólicas y la eficacia de vuestros trabajos.

September 24, 1978 · cdaber

Carta 24.Sep.1978, n.4

Si nuestro Padre se vuelca de este modo con tantas persona, para nosotros desconocidas, que recurren a su auxilio, ¿qué no hará por sus hijos, por los Cooperadores y amigos del Opus Dei, por todos cuantos se esfuerzan por vivir su mismo espíritu?. Estad seguros de que cada uno de nosotros ocupa un lugar de predilección en el corazón de nuestro Padre. Si se esforzó heroicamente en la práctica de la virtud del orden, en el ejercicio de la caridad, también ahora actúa así, viviendo en el Cielo: primero, sus hijos.

September 24, 1978 · cdaber

Carta 9.enero.1978, n21

Hijos míos, yo quiero -y al Señor le agrada este deseo- que nadie nos gane en este apostolado mariano. Poned, y enseñad poner, al gastar las cuentas del Rosario, intenciones santamente ambiciosas, convencidos de que los más generosos sueños de servicio a Cristo se vuelven realidad, si rezamos bien cada decena. Y hoy, estamos muy necesitados de grandes y de pequeñas aventuras de santidad.

January 9, 1978 · cdaber

Carta 1.enero.1978, n17

Observad (…) vuestra propia conciencia: ¿Cómo es mi confesión? ¿Cómo cuido todos los actos de este sacramento: examen, dolor, propósito de enmienda, sinceridad y claridad en la confesión, cumplimiento de la penitencia? Con estas preguntas, tenéis y materia para vuestra meditación personal y para sacar propósitos bien definidos y eficaces. Qué desamor el nuestro cuando dejamos para después ese encuentro con Dios, que limpia la conciencia y fortalece el alma con la gracia sacramental. Os pido -¡os lo pide el Señor!- que, con fe, con dolor y con diligencia, recibáis siempre sin retrasos este sacramento de la misericordia divina. ...

January 1, 1978 · cdaber

Carta Dic.1976, n.8

Hijos míos, ¡qué tristeza causa un alma tibia!. Un alma que tuvo encendimientos de amor de Dios de celo por los demás; un corazón que experimentó las alegrías de la entrega generosa y que comienza a perder fuego, calor, poco a poco, hasta terminar en la más lamentable indiferencia ante todos lo que no satisface el propio egoísmo carnal o espiritual. Una situación de ese estilo sólo se provoca -querría que se os metiera muy dentro esa idea- por el abandono, por la apatía, por la desgana a la hora de examinar diariamente la propia conducta: hoy dejamos esto; mañana, no damos importancia a esto otro, omitimos sin motivo una mortificación, se nos escapa una falta de sinceridad…, nos vamos acostumbrando a esas cosas que desagradan a Dios, sin convertirlas, mediante el examen, en materia de lucha. Así se emprende el camino que conduce a la tibieza, no lo olvidéis.

December 6, 1976 · cdaber

Carta Sep.1975, n.9

Después de un fracaso, o de una falta de fidelidad, o de descubrir -porque Dios nos concede luces nuevas- que hay tanto que corregir y tanto que rectificar, y tanta basura que echar fuera la consecuencia a la que debemos llegar es que nuestra fe h de ser más firme, nuestra esperanza más segura y nuestro amor más vibrante, porque Dios nos ama con cariño de predilección. Y amor con amor se paga.

September 15, 1975 · cdaber

Carta Sep.1975, n.4.

Hemos de permanecer tan pendientes de Dios, que en todo momento seamos dignos hijos de nuestro Padre

September 15, 1975 · cdaber

Carta Sep.1975, n.4

«…con la conciencia clara de que se nos pide solamente esto: mantenerlo intacto, conservarlo inmaculado, transmitirlo en toda su plenitud. Y para eso hay que vivirlo, ponerlo en práctica todos los días de nuestra existencia terrena».

September 15, 1975 · cdaber